La voz de mi interior
Alentado por una insaciable sed de saber, cultivo un ejercicio de resuelto y perseverante esfuerzo dirigido, no solo a ampliar la extensión de mi conocimiento, sino también a ensanchar la hondura de mi humanidad.
Siendo la verdad mi faro, constituye la aprehensión de nuestra ontología esencial el más colosal y esquivo de mis anhelos.
Cualesquiera que sean mis aspiraciones genuinas, la acción que de mí emana se rige por una voluntad que procura con diligencia el mayor bien posible.
Fruto de tal fin nace de manera orgánica un deseo radical que se traduce en ayuda al prójimo y en la adhesión a la probidad.
Surcando el cauce del aprendizaje perpetuo, es en él donde hallo una plenitud capaz de iluminar hasta el instante más sombrío.
Es con este transitar que edifico mis principios y sustento mis creencias.
Merced a él, las evalúo, deconstruyo y redefino su estructura.
Este es, por consiguiente, el fundamento de mi conducta: simiente de mis conceptos y escultor de una identidad que, a la postre, se prueba efímera.
Aceptada sin reservas esta imbatible ignorancia, es la duda mi lengua materna y la infinita posibilidad su objeto.
Y no claudicaré ante el embate del desistimiento; no hasta que en mí se extinga la irreductible fuerza del pertinaz asombro.